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Te voy a recomendar una película

Posted in Cine with tags , , on junio 22, 2008 by ecamcito

Título original: MASH
Nacionalidad: Estadounidense
Año de producción: 1970
Duración: 116 minutos

DIRECTOR: Robert Altman. PRODUCTOR: Ingo Preminger, para Aspen / 20th Century Fox. GUIÓN: Ring Lardner, Jr., basado en la novela de Richard Hooker. DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA: Harold E. Stine. MONTAJE: Danford B. Greene. DIRECCIÓN ARTÍSTICA: Jack Martin Smith y Arthur Lonergan. MÚSICA: Johnny Mandel. CANCIÓN: Suicide is Painless, de Johnny Mandel y Mike Altman. SONIDO: Bernard Freeriks y John Stack. CONSEJERO MÉDICO: Dr. David Sachs.

REPARTO:
Donald Sutherland (Capitán Hawkeye Pierce), Elliott Gould (Capitán Trampero John McIntyre), Tom Skerritt (Capitán Duke Forrest), Sally Kellerman (Mayor Labios Ardientes O´Houlihan), Robert Duvall (Mayor Frank Burns), Jo Ann Pflug (Teniente Dish), Roger Bowen (Teniente Coronel Henry Blake), René Auberjonois (Padre Mulcahy), David Arkin (Sargento Mayor Vollmer), Gary Burghoff (Radar), Fred Williamson (Superatleta Jones), Michael Murphy (Capitán Mi Ligar Marston), Kim Atwood (Ho Jon), John Schuck (Capitán Polaco Sin Dolor Waldowsky), Bud Cort (Cabo Boone), Corey Fischer (Capitán Bandini).

PREMIOS Y NOMINACIONES:

Óscar al mejor guión adaptado en el año1971; nominado en las categorías de Mejor Producción, Director, Montaje y Actriz Secundaria (Sally Kellerman). Palma de Oro del Festival de Cannes de 1970.

ARGUMENTO:

Los cirujanos militares Hawkeye Pierce y Duke Forrest llegan al MASH (hospital de campaña) 4077 durante la guerra de Corea. Su carácter anárquico y gamberro chocará inmediatamente con el del mayor Burns, fanático religioso y médico incompetente. La llegada de otros dos nuevos personajes, la mayor O´Houlihan –rebautizada como Labios Ardientes- y el Trampero John McIntyre acabarán de convertir al MASH en un campo de batalla diferente al que se desarrolla en el frente, entre dos bandos encontrados: el de los partidarios de los férreos códigos militares y el de los que sólo buscan cumplir con su obligación médica y, mientras, disfrutar dinamitando todo atisbo de norma y jerarquía de los “payasos de uniforme”.

SOBRE LA PELÍCULA:

En un ambiente histórico, político, social, artístico y cultural en plena ebullición y marcado por la guerra de Vietnam, la revolución de mayo del 68, los movimientos hippies, la contracultura, y una movilización juvenil contestataria y rebelde, la 20th Century Fox decide llevar a la gran pantalla la novela del cirujano militar Richard Hooker en la que narra sus experiencia durante la guerra de Corea. Para ello, encarga el guión a uno de los famosos Diez de Hollywood, Ring Lardner, Jr., que fuera víctima en su día de la infame Caza de Brujas del senador McCarthy.

Este guión sirvió de base para que un director curtido en la televisión y recién llegado al cine, Robert Altman, revolucionara la estética cinematográfica y la manera de concebir la puesta en escena. En primer lugar, trabajó exhaustivamente con los actores para que ese MASH se convirtiera en un lugar vivo, dejando a los actores una gran libertad para improvisar y construir sus personajes. En segundo lugar, dirigió la atención de la cámara en muchas ocasiones hacia personajes u objetos teóricamente secundarios, dotando de una importancia fundamental a cada gesto, a cada acción, a cada comentario por insignificante que pudiera parecer. Esto produce dos consecuencias fundamentales: en algunos planos, vemos actuar a prácticamente todo el elenco, independientemente de dónde se encuentre la acción principal: el detalle puede surgir de cualquier punto hacia el que se dirigirá el zoom lento tan característico de Altman. En segundo lugar, multiplicó el número de micrófonos del plató y el número de pistas de grabación para conseguir un efecto de simultaneidad, de tal modo que pudiera en su momento subir o bajar los volúmenes para que no se perdiera ningún detalle sonoro, aunque fueran las palabras de un extra.

Esta apariencia de caos encubre, en el fondo, una búsqueda del realismo diferente a la que defendían realizadores y teóricos de décadas anteriores. Altman encuentra la mejor manifestación fílmica de los mecanismos de la percepción visual y auditiva que se haya logrado en la Historia del Cine. Ese zoom es la focalización de la mirada, la atención que de repente queremos fijar en un punto determinado; su utilización del sonido representa nuestra escucha selectiva, en todo momento dispuesta a recoger todos los datos sonoros que nos rodean, cuyo interés puede cambiar en cada momento o ser distraído por nuevos elementos.

Altman se descubre así como un voyeur curioso pero desapasionado, irónico y rabiosamente iconoclasta. El resultado es una de las más contundentes muestras de antibelicismo que se haya visto en una película, así como la ridiculización más corrosiva del Ejército –los “héroes” son reclutados; los “payasos de uniforme” son militares de carrera-. MASH no sólo se permite romper con las normas del cine, sino que utiliza esa misma ruptura para hacer saltar por los aires todos los convencionalismos de la estructura social más férrea que existe –la militar- en una situación límite –la guerra, a tres millas del frente-. Los alter ego de Robert Altman, el Trampero y Hawkeye, son hedonistas radicales, pero profundamente comprometidos con su juramento hipocrático –abandonan un burdel a medianoche para salvar al hijo de una prostituta, y se enfrentan para ello con la Policía Militar-. Son obscenos, bebedores, irreverentes, y con una absoluta lealtad hacia los amigos –como el Polaco Sin Dolor, cuyo suicidio logran evitar-. No desaprovechan ninguna ocasión para poner al descubierto y denunciar todo lo que no les gusta, les parece aberrante o, simplemente, les produce una inocente curiosidad o una sana diversión.

Robert Altman, que en el momento de tomar las riendas de este MASH 4077 era un joven rebelde de apenas cincuenta años, nos presentó con esta película una nueva forma de hacer cine con una mirada lúcida, siempre distanciada pero al mismo tiempo comprometida hacia micromundos que revelaban la complejidad del comportamiento humano a través, muchas veces, de mostrar su ridícula simplicidad. Porque todo resulta mucho más sencillo cuando lo disecciona un cirujano de la mirada que al mismo tiempo demuestra ser un poeta de lo prosaico, alguien capaz de legarnos obras maestras como Los vividores, Un largo adiós, Nashville, El juego de Hollywood, Vidas cruzadas, Prêt-à-porter, Kansas City o Cookie´s Fortune, por citar sólo algunas de ellas.

Encumbrado y vilipendiado aleatoriamente por crítica y público, supo mantener su coherencia artística y personal durante cuatro décadas, a pesar del ostracismo televisivo a que se vio sometido en los años ochenta. Incluso en esos trabajos siguió desarrollando su estilo inconfundible. Murió el veinte de noviembre de 2006, a los ochenta y un años, y después de haber dado a lo largo de su carrera un ejemplo único de capacidad profesional, audacia e irreductible inconformismo social y estético.

Daniel Moreno